Hoy en día, ya conocemos que los más pequeños no aprenden a leer solamente porque se les enseñe a reconocer todas las letras de nuestro abecedario. Ni tampoco juntando letras y formando sílabas y, a su vez, crear palabras. Este método ha sido el enfoque tradicional en muchos colegios.

Tampoco el método global ha tenido éxito en las aulas. Se trata de descomponer la palabra o palabras de una frase como totalidad, hasta llegar a las letras.

Pero esta tarea es mucho más compleja de lo que pensamos:

En primer lugar, uno de los prerrequisitos en la iniciación a la lectoescritura es, sin duda, la conciencia fonológica. Este es quizás, una de las claves para observar si nuestro hijo va a ser un buen lector. Es decir, si aún nuestro hijo no es capaz de hablar correctamente e incluso identificar cada fonema en su discurso, difícilmente podrá iniciarse en el mundo de la lectura.

 

Scarborough, 2001

 

Otro prerrequisito fundamental es la correspondencia grafema-fonema. Se llama así a la habilidad de asignar cada sonido a la letra o letras correspondientes.

Aplicando estas correspondencias, aprendemos a leer y escribir las primeras sílabas y palabras. Pero para seguir avanzando en el aprendizaje de la lectura, son  necesarias también las habilidades perceptivas.

Las habilidades perceptivas son las que nos ayudan a procesar correctamente los diferentes fonemas de nuestra lengua y reconocer también las grafías.

Estas destrezas se adquieren en la etapa alfabética, donde leemos letra a letra y, seguidamente, sílaba a sílaba.

Cuando comenzamos la etapa lectora, se inicia lo que llamamos ruta “visual, que nos permite ir reconociendo de manera directa las palabras y conjuntos de letras, dejando atrás la lectura silabeada. Esta ruta no es puramente visual (no sólo aprendemos a leer mirando), es un proceso viso-lingüístico que se va perfeccionando poco a poco.

Es decir, cuando hemos leído muchas veces la palabra “gato” ya somos capaces de reconocer esa palabra escrita y leerla de manera automática.

Según vamos avanzando en esta lectura visual, se adquieren recursos cognitivos y se va ganando fluidez en la lectura de nuestros hijos. Por eso decimos que la lectura se “automatiza” y pasamos de una lectura lenta y de mucho esfuerzo mental a una lectura automática y sin esfuerzo.

Es aquí cuando, por fin, alcanzamos la etapa ortográfica, y podemos empezar a adquirir una buena escritura.

 

Miriam del Pino

Logopeda

Nº colegiada: 45/0671

Referencias:

Silvia, C. (2020). Método Diverlexia. Intervención psicopedagógica de la dislexia. Málaga. Amazon. Autoedición.

Scarborough, H. S. (2001). Connecting early language and literacy to later reading (dis)abilities: Evidence, theory, and practice. In S. Neuman & D. Dickinson (Eds.), Handbook for research in early literacy (pp. 97–110). New York, NY: Guilford Press.

Pascual, M.R., Madrid, D., Estrada, L.I. (2018). Factores predominantes en el aprendizaje de la iniciación a la lectura. Revista mexicana de investigación educativa23(79), 1121-1147. Recuperado en 05 de noviembre de 2020, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-66662018000401121&lng=es&tlng=es.

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