En estos días muchos nos reincorporamos a la rutina diaria después de disfrutar de las vacaciones de verano. En ocasiones, esta vuelta se acompaña de una serie emociones desagradables, que se manifiestan con síntomas de ansiedad y depresión, con una duración que oscila entre dos días y dos semanas. Esto es lo que venimos conociendo como síndrome postvacacional.

Este síndrome, no es una enfermedad, es un estado de ánimo temporal que aparece tras un cambio de ocio a rutina, por lo tanto, no es una psicopatología, es una fluctuación en el estado de ánimo que viene acompañado de síntomas como: fatiga (entendida como la sensación de no poder reponernos del cansancio), insomnio, falta de apetito, sentimientos de tristeza, desmotivación, dificultad para concentrase, irritabilidad, sudoración, náuseas y molestias gástricas.

Ahora bien, dejamos de hablar de síndrome postvacacional, cuando los síntomas de ansiedad y depresión son intensos, su duración se prolonga más allá de dos semanas, y además se acompaña de una importante pérdida de motivación hacia el trabajo, cansancio emocional (que consiste en una disminución de la energía, incapacidad para concentrarse, desgaste, malestar) y manifestaciones negativas sobre el trabajo que muestran una clara aversión hacia el mismo. En este caso podemos hablar del síndrome del Burnout o “estar quemado”, es decir, ya odiaba su trabajo antes de irse de vacaciones, y las vacaciones solo han supuesto un respiro. El problema, por tanto, no son las vacaciones, sino el propio trabajo.

Si has llegado hasta aquí y te has sentido identificad@, te recomendamos tomar las medidas oportunas y, si es necesario, pedir ayuda a un psicólogo para que te acompañe en el proceso.

Mª Ángeles San José Hernán – Licenciada en Psicología con especialidad en Psicología clínica y de la salud – UCM